¿Cómo afrontáis las situaciones que os producen estrés? ¿Sabéis mantener la calma o perdéis el control fácilmente? Un atasco, una discusión con vuestro jefe, una decisión importante que puede cambiar vuestra vida…

A veces, nos toca vivir momentos difíciles, situaciones complicadas en las que no sabemos qué hacer, nos vemos desbordados, indecisos, perdemos los nervios o no sabemos cómo resolver el problema… todas estas situaciones hacen que explotemos, perdamos el control y solo deseemos gritar. Esa tensión no solo repercute en nuestra salud mental, también en nuestro cuerpo, no olvidemos que el cuerpo es el reflejo de la mente y si la mente sufre, el cuerpo también. Contracturas, insomnio, mal humor, dolor de cabeza… eso son solo algunas consecuencias que padecemos en los momentos de estrés.

Bien, ahora que hemos visto la importancia que tiene saber mantener la calma, vamos a aprender a afrontar esas situaciones de estrés y a ser capaces de pensar con claridad en esos momentos complicados. Porque la mente es poderosa, pero nosotros lo somos aún más, y controlar nuestra propia mente, solo es cuestión de práctica.

1.Aprende a reconocer las señales de tu cuerpo. El cuerpo actúa de una determinada forma ante los momentos de tensión, es importante identificar esas reacciones para poder prever el momento de máxima tensión y saber mantener la calma. Confía en ti, confía en que vas a ser capaz de controlar esas sensaciones. Cuando sientas que vas a perder la calma, intenta controlar tu mente, recuérdale que todo lo malo pasa, que después de la tormenta siempre viene la calma, que hay solución para todo. Piensa que sea cual sea la situación que te genera esa tensión, va a terminar pasando y vas a ser capaz de superarlo. No pienses nunca en negativo, eso hará que aumente la tensión, siempre busca el lado positivo. Todo tiene algo positivo.

2.Controla tu respiración y cuenta hasta 100. Esto es básico y totalmente efectivo, puedes practicar en casa para que cuando llegue el momento de tensión, sepas controlarte. Si consigues controlar la respiración, llevarás medio camino hecho. Practica esto: inspira, aguanta el aire siete segundos y expúlsalo lentamente. Repite esa serie hasta que consigas calmarte. La mente va unida al cuerpo y si controlamos el cuerpo, controlaremos la mente. Segundo truco: cuenta hasta cien lentamente, cuenta mentalmente y visualiza cada número, si cuando llegues a cien no te has calmado, vuelve a contar. Una y otra vez, tantas veces como sea necesario. Mientras tengas la mente ocupada en contar números, estarás evitando decir algo de lo que luego puedas arrepentirte.

3.Intenta distanciarte del problema. Literalmente; siempre que puedas, intenta alejarte por unos momentos, cambiar de aires hará que te relajes. Sal a la calle, respira aire puro, despéjate, mójate la cara con agua, coge un boli o cualquier otro objeto y juega un rato con ello.

4.Visualiza imágenes o momentos de tu vida que te relajen o te den sensaciones positivas. Cualquier cosa es válida, un recuerdo de unas vacaciones, una persona que te de paz, un momento divertido… Intenta tener de antemano pensado ese momento poderoso de tu vida, así cuando llegue el momento de entrar en pánico, podrás visualizarlo rápidamente y te relajarás antes.

5.Se objetivo contigo mismo. No te alteres, no híper ventiles, no te frustres y sobre todo no explotes. Piensa con objetividad sobre el motivo que te hace sentirte así. Imagina la situación desde fuera y piensa qué le aconsejarías a alguien que estuviera en tu situación. Usa el sentido común, si consigues separar los sentimientos y analizar el problema desde fuera, conseguirás calmarte y sabrás exactamente lo que debes hacer. Imagina que lo que tú estás viviendo es el problema de otra persona y no el tuyo propio, y desde ese punto de partida, piensa con objetividad.  Si todo esto no funciona, pide consejo a una segunda persona ajena al problema. Alguien con sentido común y sosegado que pueda ayudarte y aconsejarte.

6.Pasea. Si puedes escaparte al campo, hazlo, no hay nada más relajante que un paseo por el campo, ver la naturaleza,  disfrutar del paisaje… un placer para todos los sentidos… da igual si paseas por la orilla del mar o por la montaña, simplemente un paseo en silencio disfrutando de la naturaleza. Si no te es posible escaparte al campo, siempre puedes pasear por un buen parque o sentarte en el césped y disfrutar de los rallos de sol…

7.Haz ejercicio físico. Da igual el ejercicio que elijas pero ejercita el cuerpo, liberarás energía y despejarás la mente. Conseguirás regular tus emociones y los malos pensamientos desaparecerán. Haz cualquier cosa menos quedarte encerrado en casa pensando en tu problema. Yoga, pilates, baile…

8.Perdónate a ti mismo y no te sientas culpable. Si estás mal porque has cometido un error, no te sientas así, intenta ser consciente de que no vas a volver a cometerlo y que la próxima vez actuarás mejor. Si te sientes culpable porque eres la causa de que otra persona sufra, perdónate a ti mismo, a veces para poder seguir adelante tenemos que tomar decisiones dolorosas, pero eso no significa que tengamos que martirizarnos o dejar de ser felices por evitar infringir daño a los demás, a veces las cosas vienen así y no podemos evitarlo, si esta es tu situación, perdónate a ti mismo y no te sientas culpable de sentirte como te sientes. Si tu conciencia está tranquila y sabes que has hecho lo correcto, debes perdonarte, solo así podrás pasar página.

Y por último… siéntete orgulloso de haber conseguido mantener la calma, felicítate a ti mismo, eso te hará más fuerte. Ser consciente de que has podido superar una situación complicada, te dará más fuerza para la siguiente vez que tengas que volver a enfrentarte a un problema.

 

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