La paciencia es una virtud que se adquiere y perfecciona con el tiempo, no somos conscientes de lo importante que es en nuestra vida hasta que nos encontramos en un momento de desesperación.

¿Cuántas veces hemos hecho dicho o hecho algo (de lo que luego nos arrepentimos) por no tener paciencia?

La paciencia nos ayuda a vivir en paz, tranquilos, disfrutando de las pequeñas cosas del día. Hace que pensemos con claridad y meditemos más nuestras decisiones minimizando el grado de error.

Afortunadamente para los que no nacemos con ese “don”, la paciencia puede mejorar con un poco de práctica y tiempo.

Después de leer esto, no volverás a ser impaciente (o al menos no tanto).

1.Acepta que cada cosa lleva su tiempo. Debes practicar la aceptación y aprender a disfrutar del día a día sin pensar en aquello que esperas. Por más que desees que llegue verano, no va a llegar antes por mucho que pienses en ello. Aprende a aceptar que las cosas no siempre pasan cuando nosotros queremos. Si nos pasamos el día pensando en aquello que queremos que ocurra, llegará un momento en el que toda nuestra vida la habremos pasado “esperando”. No conviertas algo que deseas en una “espera infinita”, aprovecha ese tiempo para disfrutar de las cosas que te gustan, para aprender cosas nuevas, para vivir…

2.Olvídate de los “y si…”. Preocúpate por los problemas del ahora, motívate por lo que estás haciendo en este momento. Vive en presente. Si te preocupas por el futuro, solo conseguirás desesperarte, el futuro es incierto, lo que hoy te preocupa tanto, quizá mañana no exista. Intenta mentalizarte de que solo debes pensar en presente.

3.Procura pensar de forma racional. Cuando sientas que empiezas a perder la paciencia y a desesperarte, tómate unos segundos para relajarte, respira tranquilo, busca tu momento zen y analiza la situación que te causa impaciencia desde un punto de vista racional. ¿De verdad ese asunto merece tanta desesperación? Si no está en tus manos cambiar esa situación, desesperarse no tiene ningún sentido. Se racional.

4.Aprende a esperar. Con esto no nos referimos al tiempo, sino a conocer las circunstancias y a las personas y aprender qué esperar de ellas. Cada persona es diferente, por lo que debemos saber que no podemos esperar lo mismo de todas. Tampoco debemos esperar que reaccionen como lo haríamos nosotros. No podemos correr antes de andar, por mucho que queramos hacerlo. Aprende a esperar con sensatez y sentido común.

Y si todo lo anterior falla… recuerda las palabras mágicas… “Tranquilidad y Organización”. 

“Muchas veces creemos que la vida nos dice no, cuando solo quiere decir espera”.

 

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